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jueves, 5 de septiembre de 2013

CARTA ABIERTA A LOS MIEMBROS DEL ATENEO ANDALUZ DE DOS HERMANAS


  Señor Presidente, miembros de la Junta Directiva, compañeros – o debería decir ex-compañeros-:

 Me dirijo a ustedes de esta forma para remitirles mis impresiones, después de este curso 2012/13 en el que les he estado prestando mis servicios cubriendo el puesto de administrativo, aunque eso, además, supusiese muchas otras tareas veladas, como por ejemplo la de hacer la limpieza en todo el centro, atender al publico, la reprografía, encargarse del mercado de artesanías, diseñar la cartelería de diferentes actividades, o incluso gestionar y programar las mismas, además de un largo etcétera al que no quiero referirme, al menos de momento, todo ello por el módico precio de 400 €/mes. Como les iba diciendo, me dirijo ustedes de esta forma, pues como saben, mi petición de hablar ante la Junta Directiva ha sido rechazada, porque en palabras literales de su Vicepresidente Fran Domínguez soy “un trabajador al que se le paga por hacer un trabajo y punto”, lo que me exime de facto de cualquier intento de expresar mi situación ante los miembros de la misma.

 En primer lugar recordarle a su señor vicepresidente, que los trabajadores, además de cumplir con sus exigencias laborales y obligaciones, que son desempeñar unas tareas determinadas en un horario concreto –cosa que ustedes tampoco parecen tener muy clara, pues durante este curso pasado tanto mis funciones como mi horario eran diversos y aleatorios- también tienen unos derechos establecidos por la ley, como son la expedición  de un contrato, el alta en la seguridad social, que garantice una cobertura sanitaria en caso de accidente laboral y una cotización que se traduzca en una futura prestación para la jubilación, o en caso de desempleo. Aunque de esto puede asesorarles mucho mejor que yo el Sindicato Andaluz de Trabajadores, al que por cierto, acogen en sus instalaciones y del que el mentado vicepresidente es miembro activo.

 Ni que decir tiene que a mi, y según me consta, a los trabajadores que venían cubriendo el puesto en periodos anteriores, estos derechos nos han sido negados.

 Ustedes que se jactan de ser una organización progresista, de izquierdas, en busca de vías para desarrollar una sociedad más justa e igualitaria, sin duda, no están a la altura de sus reivindicaciones, pues han demostrado a la primera de cambio que su discurso se queda en eso, en discurso, en  mera palabrería, en retórica barata de politicucho, como esa a la que nos tienen acostumbrados los que ocupan alternamente las poltronas del poder en este desdichado país al que llaman España. Esa perorata que ustedes tanto se empecinan en criticar. Y yo me pregunto ¿con que autoridad moral? ¿Con que autoridad moral van a rajar ahora ustedes -mientras se toman el café- de quienes nos malgobiernan, de quienes nos explotan, de quienes nos oprimen, de quienes violan y quebrantan nuestros derechos más fundamentales? Aunque me temo que a estas alturas, hablarle a ustedes de autoridad moral suponga poco menos que hablar de Diderot a una avestruz.

 Sospecho que ahora, tan demócratas algunos de ustedes, tratarán por todos los medios de censurar y desacreditar con las acusaciones más peregrinas, mis opiniones, como han hecho en ocasiones anteriores con quienes han intentado quejarse a cerca de sus actividades o de su gestión, o lo que es peor, tratarán de desacreditar a mi persona. Que le vamos ha hacer, más cabezas rodaron con Stalin. Pero sin duda, y por encima de otras cuestiones no menos baladíes, lo que más me molesta de todo, o porqué no decirlo, lo que más me jode, es que se van a beneficiar ustedes, como los grandes empresarios de las multinacionales, como los tiranos de los grandes grupos empresariales, como los latifundistas que emplean en precario, de que iniciar un pleito judicial con la nueva ley de tasas, es costoso e incluso prohibitivo para un ciudadano corriente, con todo lo que conlleva en abogados laboralistas, comisiones sindicales, las susodichas tasas y tal. Además bastante tenemos los que hemos sido ninguneados por ustedes con afrontar las ya cuantiosas dificultades de la supervivencia en estos tiempos aciagos, sin siquiera una mísera prestación por desempleo.  

 No quiero despedirme en cambio, sin mencionar a Voltaire, a Rousseau, a Motesquieu, a todos los que iniciaron el ateneismo allá por tiempos de la ilustración francesa, o a los más cercanos en el tiempo y el espacio Mario Méndez Bejarano, Antonio Albedín – el georgista- o su tan mentado Blas Infante, padres todos del andalucismo culturalista, gentes que mantenían la creencia de que una sociedad formada deriva en una sociedad mejor, más justa, más solidaria, personas implicadas en los movimientos intelectuales de su época, submersos en la cultura – muy al contrario que ustedes, a excepción quizás de su presidente y de algún otro eventual, que para colmo, ni siquiera tienen la osadía de asomarse a las charlas y tertulias que acogen en su centro, porque verdaderamente no les interesan. Porque no les importa nada de esto. ¿Para qué hablar de educación entonces? ¿Para qué, para quienes las tertulias literarias, los cineforums, los debates sociales? Para quién toda esta farsa o para qué… Debe ser triste para estos citados prohombres de los Ateneos tener que contemplar desde la tumba tan bochornoso espectáculo. 

 Sin ánimo de extenderme más, y lamentando que haya tenido que ser de esta forma y no de otra - de forma personal y cara a cara, es como a mí me hubiese gustado poder expresar todo esto que adscribo- se despide de ustedes hasta la vista:

 Julián Portillo Barrios, ex trabajador del Ateneo Andaluz de Dos Hermanas.    

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